sábado, 19 de marzo de 2011

Yo sé que estas bien, vives en mi felicidad, esta dádiva es una porción de mí

Todo empezó aquel día gris, frio y muy parco, un ciclo que nunca se borrara de mi mente, aquel época, en que un gran ser en mi vida, emprendió un gran viaje, quizá para nunca volver...

Dejándome, casi a la deriva de la vida, pero con los principios más elementales para poder luchar en ella, pero en ese mismo instante,-en el momento que el se alejaba de mí- en el que comprendí, que un ser tan grande , maravilloso, culto y justo, en aquel instante, me soltaba de las manos, pero se aferraba de mi corazón…

Desde entonces, y hasta ahora, he perfeccionado una forma de amarlo y recordarlo solo como él y yo lo entenderíamos, una forma tangible pero a la vez prodigiosa, magna y con simpleza absoluta, tan especial y asombrosa que con solo describirla siento que no existen palabras para tal, pero que con solo pensar en lo humano, magnífico y maravilloso que fue haber podido deferir momentos tan especiales de mi vida con él, ese pensamiento me embelesa y me pone en lo más alto, saber que el estuvo en aquellos momentos, apoyandome y mostrandome lo bueno y prodigioso de la vida..

Vivo con la idea de sentirme mejor, de que ese es un ciclo fortuito de la existencia, que toda la objetividad que algún día nos dieron, se puede ir como agua entre manos, pero que depende de nosotros como la queramos vivir, desiertos, asistidos, grandiosos, minúsculos, con problemas que al desarrollarlos nos muestran la felicidad, o con una comodidad sin gracia, que al cabo, no es nada que una yermo imperioso...

Yo sé que él me asiste y resguarda, que todos los arbitrajes que he tomado en mi vida, me ayudan para mi futuro, y que él está desde lo más alto del “olimpo” mirando como aquel infante que dejo hace un tiempo atrás, se hace hombre poco a poco, luchando contra esos obstáculos de la vida, sublimando su nombre y llenándolo cada vez de más gloria y honor, haciéndole un gran honra a ese ángel que es el curador de la tierra, que alivia mi dolor, el que restituye mis heridas físicas y del alma, este presente que le he traído, aquel pedazo de mí que le he regalado de por vida, y que espero que le plazca así como me honra a mi llevarlo como adarga, como todo lo que he idealizado y que ahora lo regocijo, con eso que me embelesa y me hace sentir perfecto .

Eso que siempre anhele y que me siento a gusto con esto, ese día en que la tierra trepidó y las aguas del mar sacudieron las islas, aquel día, culmine mi gran presente, mi instrumento de alegría y gozo, mi gran ofrecimiento..

Si supieras cuanto te extraño mi señor…